Uncategorized

Golpes idílicos, bullying inventado y una oportunidad perdida 

De todas las cosas de las que me arrepiento, no haber sido capaz de dar más golpes es probablemente la que más me frustra. Entrenamiento de karate y todo, siempre me imaginaba anyes el dolor de la otra persona y yo misma me paraba. Ahora, a veces sueño con esa idea.


De pequeña me hicieron “bullying”, sólo que no se llamaba bullying, le decían “comportamiento normal”, “así son los niños”. Ni mis profes, ni directores hicieron mucho caso al problema. Tampoco mis papás, obvio ellos hablaban con los profesores y estos siempre aseguraron de que era algo que yo me imaginaba. Já.

Me gustaría decir que perdoné, pero no. Odio a esos profesores que se hicieron los locos, a las directoras y directores, sobre todo a una que era monja, a los niños y no tan niños y a sus padres. Los odio. Les deseo lo peor en esta vida.

Vivía en una ciudad pequeña, creo que tenía 250.000 habitantes. Allá por los early 90s mi mamá y yo éramos de las pocas inmigrantes sudamericanas de la zona. Éramos raras. A mi mamá le preguntaban si era china, a mi me miraban raro. Físicamente eramos muy distintas a los habitantes de la zona: bocas anchas, piel más oscura, cabello y ojos muy negros.

Nuestro inicio fue bonito, llegué en época de inicial, mi profesora era muy amorosa y los niños también.  Conmmigo estudiaba una niña morena, recuerdo que los niños le decían color de caca y la perseguían corriendo por todo el patio burlándose de ella. En mi todavía no notaban nada extraño .

En primaria, en cambio, comenzaron los problemas. Y es que, además de ser físicamente distinta, yo era una niña rara. No me encantaban las muñecas, mi mamá no me repeinaba para ir al colegio, mi estética no era de pinky lover y nunca me atrajeron los unicornios.  Jugar a papás y a mamás? Para qué?? Solo hablaba con una niña y con un niño, y cuando ellos faltaban, para mí era el día más triste y solitario.

Ocurrió que un día mi papá se demoró en irme a buscar. Éramos ya pocos niños y pocos profesores en el patio. No recuerdo lo que estaba haciendo yo, pero dos niños de mi salón (mucho más altos y fuertes que yo) vinieron corriendo con una pelota de tenis. Uno me agarró de la brazos por la espalda. El otro me metió la pelota de tenis en la boca y me tapó la boca y la nariz con las manos. No recuerdo qué pasó después, pero sí recuerdo que mi papá me dijo que los tenía amenazados y a mi mamá explicándome que a los niños no se les pudo haber ocurrido tal cosa, que seguramente los padres les habían metido esa idea en la cabeza.

A partir de ahí me volví mucho más tímida, mis papás me tuvieron que cambiar de colegio, me pusieron en uno de los más caros de la ciudad con todo su esfuerzo. Era uno religioso, de solo mujeres, y matriculaban a pocas en cada salón.

A algunas de ellas  (otras eran estupendas) sí las quise pegar. Vaya que sí! Todas las ocasiones que perdí!, y que ahora me pregunto por qué no lo hice, por qué siempre ese miedo? La cantinela de que ellas eran mejores en todo que yo, las burlas constantes, bromas pesadas, el simple hecho de apartarme.


La hipocresía de después ir con su cara de ángel a la capilla, religiosas ellas, me ardía por dentro. Ahora entiendo que me dan pena, porque siendo tan chiquitas, alguna vez las habrían tenido que tratar así y actuaban sólo por repetición…y por idiotas. Me arrepiento también de no haber dado algún golpe porque de esa manera, quizás algo se movía en la materia gris, SNC, o aumentaba la hormona de la felicidad y acababan siendo mejores personas.